Planta suculenta perenne, de porte tapizante o colgante, formando cojinetes densos de 2–10 cm.
Tallos finos, algo leñosos en la base, con entrenudos cortos en los brotes jóvenes.
Hojas muy pequeñas, carnosas, ovoides o casi esféricas, dispuestas densamente en espiral; color verde claro, a veces con tonos amarillentos o azulados según insolación.
Pilosidad escasa o ausente.
Inflorescencias terminales con flores blancas o ligeramente rosadas, de 5 pétalos, a menudo con punteado rojizo.
Fruto en folículos que contienen numerosas semillas diminutas.
Florece de mayo a julio, según altitud y exposición.
Especie claramente rupícola, creciendo sobre rocas calizas o silíceas, muros antiguos, grietas y repisas de roca, taludes pedregosos, tejados viejos y construcciones tradicionales.
Prefiere ambientes soleados, secos y con muy poca competencia vegetal.
Tolera bien la sequía extrema gracias a sus hojas suculentas.
Presente en el Mediterráneo occidental y central.
En España está muy extendida, especialmente en zonas montanas y mediterráneas.
En Jaén es muy común en roquedos calizos, muros y cortados.
Especie muy adaptada a microhábitats secos y pobres, donde otras plantas no prosperan.
A menudo forma comunidades con musgos rupícolas, Umbilicus rupestris, Sedum sediforme y otras crasuláceas.
Indicadora de ambientes soleados y sustratos muy drenados.
Puede confundirse con Sedum sediforme, pero este último es mucho mayor, erecto y con hojas cilíndricas y glaucescentes, mientras que Sedum dasyphyllum es pequeño, tapizante y con hojas redondeadas.