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Palacio ibero del Cerro de la Merced
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Palacio ibero del Cerro de la Merced.  Cartel de la exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Cerámica Campaniense
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Cerámica de barniz negroPalacio ibero del Cerro de la Merced. Fragmento de mortero. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Dos ollas. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Molino iberoPalacio ibero del Cerro de la Merced. Molino de mano. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Pileta. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Olla ibera. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Ollas ibera. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Ánfora ibero-púnica. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Vasos posiblemente utilizados como lucernas. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Taza y plato iberosPalacio ibero del Cerro de la Merced. Vasos pequeños a torno sin decoración. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Soporte de carrete. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Plano
Palacio ibero del Cerro de la Merced. PlanoPalacio ibero del Cerro de la Merced. Fragmento de enlucido decorado de la paredPalacio ibero del Cerro de la Merced. Pinzas de bronce
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Hachas pulimentadas. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Posible botón de bronce o aplique decorativo. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Cerámica ibera. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Eslabón de cadena o de embocadura de bocado de caballo. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Fíbulas. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Escudo. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Punta de flecha con aletas dobladas. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Lanza. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Mapa de yacimientos iberos
Palacio ibero del Cerro de la Merced. SillarPalacio ibero del Cerro de la Merced. Replica de friso. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Replica de friso con pigmentos. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Posibles ubicaciones de los frisos policromadosPalacio ibero del Cerro de la Merced. Línea de tiempo. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Cuchillito con escotaduras de aleación de cobre. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. hacha de piedra pulimentada, una anfibolita. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Fragmentos de cerámica a mano tosca calcolíticos. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Fragmentos de un friso de ovas. Exposicón en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. SillarPalacio ibero del Cerro de la Merced. Fragmento de cuenco en cerámica vidriada con decoración de verde manganeso. Siglo XIX d.C. Exposición Museo Ibero JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Fragmentos de tejas. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Cerámica medieval islámica de época emiral, incluyendo, un fragmento vidriado de candil de piquera. Exposicíon Museo Ibero JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Moneda de cobre de los Austrias siglo XVIl con sucesivos resellos, el último de ellos 1659. Exposición Museo Ibero JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Expolios
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Botellín de El Águila de los expoliadores del siglo XX. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Pesas de telar. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Fusayolas. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Disco de plomo. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Pieza de agarre del gozne de una puerta. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Clavos de cabeza plana. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Cuchillo de hoja curva afalcatado. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Asa de hierro. Exposición en el Museo Ibero de JaénPalacio ibero del Cerro de la Merced. Alimentos consumidos en época ibera en el yacimiento. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
Palacio ibero del Cerro de la Merced. Adobe con huellas de animales. Exposición en el Museo Ibero de Jaén
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  • Se trata de un recinto aristocrático de los siglos V-III a.C.
  • El Cerro de la Merced es también conocido con otros nombres como `Cerro de las Tinajas` o `Cerro de Jarcas. De hecho, en un manuscrito de 1836 que Don Manuel de la Corte Ruano envió a la Real Academia de la Historia, menciona el hallazgo entre 1831 y 1835 de diversos restos romanos (sepulcro en la base del cerro llamado Redondo), y añade: `hubo allí casas de recreo, o quizás un fuerte subalterno para defensa contra malhechores y auxilio para caminantes atribuyéndolos a la época romana. Dicho manuscrito ha sido recientemente publicado por el Museo de Cabra.
  • En el entorno del yacimiento, además de las famosas canteras situadas casi enfrente de la venta de `Los Pelaos, hay muchos restos del Calcolítico y la Edad del Bronce, especialmente un hábitat importante en el gran Cerro de Jarcas al sureste, que puede explicar los escasos restos de este periodo en los niveles inferiores del Cerro de la Merced.
    Tras la etapa prehistórica hubo un largo periodo de abandono tras, el que se construyó un monumento ibérico, de carácter conmemorativo más que funerario, quizá a principios del siglo IV a.C.
  • Sus restos fueron finalmente empleados como material de construcción del complejo ahora visible.
  • Puede que el gran monumento decorado con sillares de gola y relieves, construido quizás entre finales del siglo V a.C. y primeras décadas del siglo IV a.C., estuviera acompañado de un edificio (almacén, santuario) como en otros ejemplos de monumentos escenográficos de la Cultura Ibérica.
  • El Cerro de la Merced es una colina redondeada de forma cónica (tanto, que parece artificial aunque no lo es en absoluto) a 740 metros sobre el nivel del mar, pero solo algunas decenas sobre el terreno bajo circundante. No tienen en su cima mucho espacio, pero sí el suficiente para un complejo principal de unos veinte metros de lado y varias terrazas alrededor.
  • Está solo a unos cinco kilómetros al este de Cabra, antigua Igabrum, y a sus pies discurre el Arroyo de Jarcas, afluente del Río Cabra. Muy cerca hay canteras de piedra caliza y carniolas. La posición geográfica del complejo ibérico no fue casual: a sus pies y hacia el este se localiza el único paso que, tanto hoy como antaño, permite franquear las sierras que separan la Campiña de la Depresión Priego-Alcaudete, comunicando el área de Lucena-Cabra con la de Carcabuey-Priego-Almedinilla.
  • La visibilidad desde la cima es mala; solo se domina el entorno inmediato y como mucho el paso hacia el Mojón; una atalaya en este punto no tiene mucho sentido, ni aislada ni en red con otras; ni siquiera la cercana Cabra es visible. En cambio, si invertimos el punto de vista, desde el observador en su cima hacia el observador en el llano, surge la sorpresa.... el Cerro de la por su peculiar forma Merced destaca, se hace visible, redondeada que destaca en el entorno. Cualquier construcción masiva situada en su cima, ayer como hoy, resaltaría sobre el horizonte para los campesinos del entorno, o para los viajeros que recorrieran en sentido este-oeste o a la inversa, la ruta que hemos citado.
  • La primera ocupación del Cerro de la Merced se remonta a la Edad del Bronce, más de dos mil años antes de Cristo. No sabemos qué ocurrió luego, pero ya en época ibérica, entre los siglos V y IV a.C., se levantaron unas primeras construcciones en la cima del cerro, terraplenando y alisando su superficie.
  • Nada queda completo de aquellas construcciones, pero reutilizados en los muros del palacio posterior han aparecido numerosos bloques de piedra tallada, de formas muy características. Entre ellos, al menos tres grandes sillares en forma de cornisa de gola egipcia, de los que aquí presentamos uno. Se utilizaron en monumentos funerarios y conmemorativos ibéricos antiguos.
  • Pero, sobre todo, un espectacular sillar con decoración en relieve, que incluye un friso de ovas, y palmetas enlazadas, demuestra que en la Merced existió un monumento muy importante. tienen profundas raíces Los motivos mediterráneas, griegas y fenicias, interpretadas por el gusto local.
  • Análisis químicos han demostrado que el sillar estaba policromado, al menos con rojos y blancos, tal como muestra la reconstrucción.
  • El conjunto debió formar parte de un monumento arquitectónico muy escenográfico, orientado sobre todo hacia el sur (Arroyo de Jarcas), pero muy visible desde todo el entorno. Pudo estar acompañado de un edificio anejo (santuario, almacén...).
  • En el año 2012 comenzaron las excavaciones en lo que en principio parecía una pequeña atalaya o recinto fortificado de época ibérica tardía o romana (siglos 11-1 a.C.). Sin embargo, pronto se hizo evidente que la realidad era mucho más compleja y apasionante: descubrimos un gran complejo de terrazas, escalinata y un gran edificio de dos plantas e imponente apariencia.
  • ¿Por qué palacio? Esta palabra abarca muchos tipos de edificio, y muchos niveles de poder. Palacio de Oriente, Palacio de la Zarzuela, `Palacio-Castillo de los Condes de Caboral, son edificios muy distintos en tamaño y función. El Cerro de la Merced es un complejo monumental ibérico, edificado y sucesivamente modificado entre los siglos IV-III a.C. Construido con voluntad de impresionar y hacer ostentación de poder, podemos considerarlo como un `complejo aristocrático palacial que fue demolido hacia época de Aníbal. Es además heredero de otra estructura conmemorativa aún anterior, lo que refleja no solo una larga ocupación, sino la vinculación de los príncipes ibéricos tardíos con sus ancestros, reales o recreados.
  • El Edificio A es un cuadrado de unos 14 metros de lado con una sola entrada al este, que daba acceso a un amplio patio y tres estancias al fondo, y que según muestras de Carbono 14 pudo ser edificado a principios del siglo IV a.C.
  • El monumento fue eventualmente desmontado, y parte de sus sillares decorados fueron retallados y reutilizados en el llamado Edificio B que forró, cubrió y monumentalizo el edificio A preexistente. Se recrecieron y fortalecieron los muros exteriores, que alcanzaron un formidable espesor de hasta cuatro metros, con apariencia ciclópea y un masivo zócalo exterior de bloques de piedra. El espacio interior se subdividió en nuevas estancias de menor tamaño y se levantó, al menos, un segundo piso.
  • Este edificio masivo, ahora de casi veinte metros de lado, se integro habilmente en el terreno del cerro. A su alrededor se creo una terraza que en su lado sur tenia unos diez metros de ancho, contenida por otro muro ciclópeo similar al del edificio. Entre ese muro de terraza y la entrada al edificio se levantó además una escalinata de losas de piedra de más de un metro y medio de largo, que ascendía en dirección al recinto principal.
  • No era una atalaya o guarnición militar. Son muchas las pruebas de producción y almacenamiento artesanal, y de la producción y procesamiento inicial de alimentos. En este último grupo, se han descubierto numerosos molinos rotatorios. Dos de ellos estaban in situ y probablemente en uso en el momento de abandono, en las estancias Fy G. Otro completo estaba posiblemente en el piso superior; y finalmente restos de al menos dos más han aparecido fragmentados y dispersos. Esto es muy superior a la necesidad de una unidad familiar o de una pequeña guarnición de una decena de hombres.
  • Igualmente hay pruebas del almacenamiento de productos a cierta escala en las estancias de la planta inferior: grandes tinajas o ánforas iberopúnicas, un lote de ánforas grecoitálicas importadas, grandes lebrillos para alimentos sólidos... todo ello es prueba de una gran capacidad de almacenar alimentos.
  • Obviamente, hay restos de actividad doméstica de cocina: se ha hallado, junto con la cerámica de mesa, numerosas ollas de cerámica que por su forma y huellas de uso podemos interpretar como ollas de cocina, para la cocción de alimentos.
  • Se han encontrado restos de caza, ganadería y consumo de animales; y la existencia, también de una notable capacidad de artesanía textil.
  • La confección de tejidos requería del empleo de telares. El más característico de la antigüedad es el llamado "telar vertical de pesas" formado por dos vigas de madera dispuestas en vertical, paralelas. Una tercera viga (iugum en latín) une ambas por arriba. De este iugum se suspenden los hilos verticales, también llamados urdimbre (stamen), que caen hasta casi rozar el suelo. Para conseguir que mantengan su posición mientras se trabaja y no se muevan (por efecto del viento, por ejemplo), en sus cabos inferiores se atan pesas (pondera), que generalmente son de arcilla y forma prismática. Una pequeña barrita de madera dispuesta en la base del telar separa los hilos de la urdimbre en pares e impares. Por último, llegamos a la pieza clave del telar: una barra de madera dispuesta en horizontal denominada lizo, a la que se atan todos los hilos pares de la urdimbre. Para emplear el telar se van pasando hilos horizontales (también llamados trama) que se cruzan con los verticales (urdimbre). Con cada pasada se levanta o baja el lizo, de modo que la trama se cruza, alternativamente, con los hilos pares e impares de la urdimbre. Con este cruzamiento entre trama y urdimbre se consigue el tejido.
  • No hay pruebas concluyentes de los Iberos fabricaran aceros intencionales (esto es, hierro con un contenido de carbono añadido intencionalmente para endurecer el hierro dulce), pero sí es seguro que conocían de manera práctica algunos tratamientos térmicos (revenido, recocido). Por ejemplo, aunque algunas espadas y armas son de buena calidad metalúrgica, la mayoría son muy irregulares en su dureza, homogeneidad y grano, pese a las alabanzas de autores grecorromanos cuya siderurgia no era superior. El hierro se conseguía en pequeños hornos de `reducción directa`, donde el mineral se calentaba junto con carbón vegetal para obtener lupias o esponjas de hierro, con muchas impurezas, que se batía para obtener los lingotes que luego se forjaban. No existía el hierro colado o fundido, como sí ocurría con le bronce. El hierro se forjaba a golpes en el yunque; el bronce o el plomo se trabajaban a molde, como también, a menudo, la plata y el oro. En todo caso, y pese a que la excavación de fraguas en poblados es una rareza, y el hallazgo de hornos siderúrgicos de época ibérica prerromana es algo absolutamente excepcional, los yacimientos ibéricos suelen proporcionar una gran cantidad de objetos de hierro, a menudo tan fragmentados y corroídos que es difícil determinar su función original, especialmente si fueron roblones, remaches, clavos y otras piezas que aseguraban maderos en puertas y otros objetos.
  • El paisaje existente en el entorno del Cerro de la Merced durante la Antigüedad nada o poco tendría que ver con el actual mar de olivos que se extiende por todo su territorio circundante. Durante la Protohistoria el paisaje debió estar dominado por un denso bosque abierto mediterráneo donde encontraríamos especies como las encinas, lentiscos y jaras. Con un paisaje de estas características no es de extrañar la existencia de animales salvajes de grandes dimensiones tales como el ciervo o el jabalí, que hoy en día se antojan más difíciles de localizar en la zona; también pequeños animales como conejos, que serían cazados para su consumo en el asentamiento. Pero no solamente de la caza vivían estos hombres, mujeres y niños, sino que sabemos que un asentamiento con una ocupación de tipo estable se criarían y consumirían animales domésticos como gallinas, ovejas, cabras, vacas, caballos y perros; todos los restos hallados presentan huellas de descarnado y cocción, lo que nos indica que fueron consumidos por los habitantes. ¿Consumían los iberos perros? Parece que a veces sí, por lo que sabemos de otros asentamientos del mismo periodo está práctica era común aunque más específica de actividades rituales.
  • Piezas encontradas en la intervención arqueológica:
    • Cuchillito con escotaduras de aleación de cobre; hacha de piedra pulimentada, una anfibolita que procede probablemente de la zona del dominio Nevado-Filábride (Mulhacén, Granada). Fragmentos de cerámica a mano tosca. Todo ello corresponde al Calcolítico o a una fase antigua de la Edad del Bronce (IV-III milenio a.C.).
    • Fragmentos de varios ejemplares de anfores vinarias de tipologia grecottálica, encontradas en un deposito contemporáneo o tigeramente posterior a la demolición del conjunto, Estas anforas se emplearon desde el siglo III a.C. hasta el la.C. como contendores para el transporte de esta codiciada bebida desde de la Magna Grecia, Sicilia y la bahia de Cádiz.
    • Aparecieron cerámica de barniz negro de procedencia itálica (`Cerámica Campaniense`) característica del periodo helenístico (siglos III-la.C.). Se caracteriza por producciones ser estandarizadas, muy exportadas por el Mediterráneo. Útiles para fechar, por en la Merced carácter industrial, su corresponden a la fase de abandono del complejo aristocrático.
    • Cerámica de `barniz negro` de procedencia griega ateniense (ática`), típica sobre todo del s. IV a.C. y
      de frecuente aparición en la Península Ibérica. Pese al nombre, el tratamiento de la superficie no es estrictamente un barniz.
    • Fragmentos de mortero de tradición púnica o Se utilizaba para para moler romano. machacar alimentos; las líneas (como a veces fragmentos de piedra más dura) hacen la superficie más rugosa para la molienda. El borde con pico permite el vertido del contenido semilíquido del recipiente (salsas, etc.).
    • Dos ollas de cocina, quizá de origen romano republicano. Los dos ejemplares presentan en la boca una ranura cuya probable función sería la de apoyo para una tapadera. Un ejemplar presenta un baquetón y el otro varias lengüetas para facilitar su agarre.
    • Un molino ibero, pieza estática o "macho" (el latin, meta) de un molino ibérico rotatorio, en piedra caliza. Sobre ésta se colocaba otra (lot. cotillus), en forma toroide (de "donuts"), que rotaba impulsada a mano, mediante montantes de madera. En la superficie de fricción ser vertían cereales (trigo, cebada...) o leguminosas (yero..) para conseguir harina.
    • Molino de mano naviforme (con forma de navío). empleado para moler cereal y producir harina. Se trata del modelo más primitivo, cuyo origen se remonta al Neolítico. La mano del molino se desplaza, con un movimiento de vaivén, de un lado a otro de la superficie, aplastando los granos.
    • Una pileta o recipiente tallado sobre una única pieza de piedra. Desconocemos el uso que pudo dársele en época ibérica, pero probablemente estuviera relacionado con el procesamiento de alimentos.
    • Ollas de cerámica ibéricas empleadas en la cocción de alimentos. Son producciones relativamente bastas, sin pretensiones decorativas, pero diseñadas para cumplir bien su cometido. Gracias a la mezcla de la arcilla con otros materiales como mica o cuarzo (los llamados desgrasantes) podían soportar mejor los cambios de temperatura y emplearse para calentar alimentos sobre el fuego.
    • Ánfora ibero-púnico. Es derivada de del una tipo conocido como producción local pero modelos de origen cartaginés. Se empleaba para el almacenaje y transporte de víveres, tanto sólidos en grano, (cereales aceitunas, legumbres...) como líquidos (aceite, vino...).
    • Cuencos, posiblemente lucernas. Vasos a torno de pequeñas dimensiones, menos de 10 cm de diámetro, y sin decoración. Utilizados para la iluminación no tanto en la noche como en las estancias interiores poco o nada iluminadas. Contendrían aceite de oliva y una mecha, ocuparían un pequeño espacio y podrían transportarse y sujetarse con facilidad.
    • Vasos pequeños a torno con decoración pintada. Plato de borde vuelto usado como parte de la vajilla de mesa, y taza con asa vertical. Decoración geométrica pintada de color rojo vinoso a base de líneas, bandas, círculos concéntricos y lineas onduladas.
    • Fragmentos de enlucido de pared, uno de ellos muy fino, con pintura en color rojo vinoso intenso. Probablemente procedente de estancia nobles de la planta superior. Los restos de enlucido pintado en arquitectura ibérica domestica son extremadamente raros.
    • Pesas de telar fabricadas en arcilla sin cocer. Empleadas con Su peso para tensar considerable (entre 0,5 y 1,3 kg.) las urdimbres (hilos verticales) en un telar vertical. Para ello tienen orificios a los que se ataba el extremo inferior del cabo de la urdimbre.
    • Fusayolas (también torteras o volantes) cerámicas. A través del orificio central se encaja un huso, instrumento que, con su giro, permite el hilado de fibras textiles como la lana. De forma similar a una peonza, la fusayola ayuda a que el huso mantenga la inercia y la uniformidad de giro, imprescindibles en el hilado.
    • Disco de plomo con orificio central. Podría tratarse de una variedad de fusayola, puesto que su gran peso garantizaría el mantenimiento de la inercia del huso en su giro.
    • Lote de hachas neolíticas o calcolíticas en distintas piedras duras procedentes de Granada y Málaga. Milenios más antiguas que el complejo ibérico, fueron quizá recogidas en viejas tumbas halladas durante las labores agrícolas. Fueron quizá consideradas amuletos, como hasta casi la actualidad (piedras de rayo).
    • Dos grandes recipientes de cerámica ibérica fina a torno, decorados con complejos motivos geométricos que incluyen bandas, lineas, semicirculos concéntricos, y otros elementos. El repertorio deformas de cerámica es muy grande en calidad y en variedad de tipos, reflejo de una sociedad relativamente compleja, que podía permitirse uso de formas especializadas.
    • Conjunto de fíbulas o imperdibles para ropa. La circular es una fíbula anular hispánica en bronce, con aguja de hierro, del siglo IV a.C. El resto son del esquema de La Tene más tardias. En todos los casos se ha perdido la aguja.
    • Cuchillo de hoja curva afalcatado conserva uno de los remaches para sujetar las cachas de madera o hueso. Es un útil polifuncional, se encuentra desde las cocinas hasta las tumbas de los guerreros. Sus tamaños varían mucho, desde hojas del tamaño de una navaja pequeña a grandes cuchillos de cocina.
    • El escudo ibérico circular (caetra) tenía cuerpo de madera, cubierto por un fieltro o piel. Se empuñaba mediante una manilla de hierro de aletas triangulares, remachada al cuerpo que en este caso, con su extremo doblado, nos da el diámetro original del escudo: 68 cm., y el grosor de la madera en su borde: unos 0,6 cm.
    • Punta de flecha de hierro con aletas dobladas, quizá por impacto. Hallada sobre la escalinata de acceso sur.
    • Punta de lanza o jabalina en hierro. Tipo apropiado para la caza y la guerra, en su versión liviana. El asta de madera (fresno a menudo) pudo medir unos 200 cm. Se insertaba en el cubo y se fijaba por un remache que ha dejado un orificio.
    • Una pieza fragmentaria con un ojal de interior alisado que debió contener un elemento rotatorio puede haber sido un herraje de mueble o puerta. Y clavos de cabeza plana y grandes dimensiones son muy frecuentes en los yacimientos ibéricos, especialmente como parte portones, muebles y grandes aperos agrícolas o carros.
    • Asa o asidero articulado en hierro, quizá de un puerta o de un arcón.
    • Adobe con huellas de animales. Ladrillo hecho con barro (mezcla de arcilla, arena y paja mojada) secado al sol y sin cocer. Utilizado para la construcción de paredes o muros. Este adobe presenta huellas de animales domésticos originadas durante el proceso de secado.
    • Fragmentos de un friso de ovas, extraídos de sillares decorados del primer monumento conmemorativo.
      De esa forma se facilitaba la reutilización de los grandes bloques como material de construcción en el palacio ibérico. Las ovas fueron abandonadas sobre el suelo, como lascas talladas e inservibles.
    • Fragmentos de tejas y de cerámica medieval islámica de época emiral, incluyendo, un fragmento vidriado de candil de piquera.
    • Moneda de cobre de los Austrias siglo XVIl con sucesivos resellos, el último de ellos 1659. Documenta perfectamente un gran saqueo en esta época, que destruyó muchos muros y pavimentos en busca de tesoros ocultos por los `moros`.
    • Fragmento de cuenco en cerámica vidriada con decoración de verde manganeso. Siglo XIX d.C.
    • Conjunto de objetos de la segunda mitad del siglo XX d.C. encontrados en el interior de una zanja de saqueo.
  • Muy probablemente hacia el 200 a.C., cerca del final de la Segunda Guerra Púnica, el complejo del Cerro de la Merced fue concienzudamente vaciado de sus riquezas y demolido. No sabemos qué pudo ocurrir; quizá el contexto fue el del eclipse del poder de Cartago; quizá sus señores se opusieron al naciente poder de Roma. La forma en que las cuatro esquinas del edificio principal fueron desmontadas indica un trabajo de destrucción minucioso y profesional. Sea como fuere, el recinto fue abandonado aunque algunos okupas` vivieron entre sus ruinas durante algún tiempo en torno al siglo II a.C.
  • Desde entonces, el cerro fue campo de soledad mustio collado hasta que, siglos después, fue ocupado por un pequeño recinto de época emiral islámica (siglo X d.C.) quizá en el contexto de conflictos entre Priego y Cabra. Luego volvió a ser abandonado durante siglos, y objeto de sucesivos saqueos en busca de tesoros. El saqueo más significativo por su volumen se produjo en el siglo XVII, tras la expulsión de los moriscos, como atestigua una moneda de los Austrias encontrada sobre el suelo del palacio ibero, en el fondo de una gran zanja. Incluso en el siglo XX el Cerro de la Merced ha sido expoliado, además de ser empleado como puesto de caza. Parte de sus sillares acabaron siendo reutilizados para construir balsas y cortijos modernos.

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